Perdonar es muy difícil. Como humanas en un mundo  caído, no es nuestra respuesta natural cuando somos heridas por otros. Pero sin el perdón, la amargura, el odio y el deseo de venganza pueden surgir dentro de nosotras, y son cargas pesadas de llevar. 

 

Aunque perdonar a los demás es difícil, también podemos luchar por ser perdonadas. A mí, como cristiana, me costó durante mucho tiempo aceptar que Dios me había perdonado por completo. Podía entender que Dios perdonaba mis pecados de antes de ser cristiana. Lo que me costaba era el hecho de que yo seguía pecando. ¿Cómo podía perdonar eso? Sé que no merezco Su perdón en absoluto. Sin embargo, perdí mucho tiempo sin poder aceptar el perdón de Dios y permití que eso afectara mi relación con Él. 

 

Yo era como Adán y Eva, que se escondían tontamente en el jardín. Dios utilizó la historia de José para enseñarme, mostrándome más de Su perdón. 

 

Sabemos lo que hicieron los hermanos de José; cómo en sus celos querían matarlo pero se conformaron con venderlo como esclavo. Permitieron que su padre creyera que estaba muerto, aunque lloró amargamente por José durante años. 

 

Aunque esos años cambiaron a los hermanos para que fueran los protectores de Benjamín, estaban tan aterrorizados cuando José les reveló quién era, al punto de no poder hablar. José les dijo que no se enfadaran con ellos mismos porque Dios le había enviado por delante para salvar muchas vidas, incluidas las de ellos, ya que el hambre iba a continuar durante otros cinco años (Génesis 45:4-7).

 

Como resultado, toda la familia se trasladó a Egipto, y Jacob, ahora llamado Israel, vivió allí durante diecisiete años (Génesis 47:28). Durante todo este tiempo, José cuidó de todos, pasó tiempo con ellos y los amó. 

 

¿No es así como nos trata Dios? Nos perdona, nos tranquiliza amorosamente, nos provee y nos habla con amabilidad. No es lo que merecemos, pero es como es Dios. Podemos estar seguras de que nuestros pecados son perdonados y que el Señor decide olvidarlos. Él ya no recuerda las faltas que hemos cometido (Jeremías 31:34; Hebreos 8:12). Estamos libres de la carga de nuestro pecado. Incluso cuando vuelvo a meter la pata, puedo venir y conocer Su bondadoso perdón. El castigo por mi pecado fue pagado por Jesús. 

 

Al igual que José, Jesús fue maltratado, vendido por algunas piezas de plata, acusado injustamente, golpeado y asesinado. Sin embargo, Dios utilizó esto para un buen propósito, para salvar las vidas de muchos, ¡incluida la mía! Soy libre para vivir como Dios me diseñó, en relación con Él. Esto significa que cuando me acerco a nuestro Padre celestial, es Su amor perfecto el que me transforma, no mi voluntad de esforzarme más. 

 

Tal vez estés luchando por perdonar a alguien. 

 

– Ora, pide al Señor que te ayude y ora por ellos (Mateo 5:44-48). 

 

– Recuerda cuánto te ha perdonado Dios, esto nos libera para perdonar a los demás (Mateo 18:23-35). 

 

– Procura hacerles el bien, abstente de chismorrear o de utilizar cualquier posición que tengas sobre ellos (1 Pedro 3:8-9). 

 

– Recuerda que el Señor puede sacar algo bueno de esta terrible situación, aunque ellos no hayan pedido perdón. José perdonó a sus hermanos mucho antes de volver a verlos. 

 

Es importante notar que el perdón no significa que permitas que alguien te siga haciendo daño. Hay que usar la sabiduría.

 

Tal vez, como yo, te cuesta aceptar el perdón de alguien o del Señor. Sé humilde y acepta el bondadoso perdón que se te ofrece. Permite la restauración de tu relación. Recuerda que Dios puede sacar algo bueno incluso de nuestros errores. Esto no significa que pequemos a propósito, pero podemos confiar en que el Señor tiene el control y no se acuerda más de nuestros pecados.

 

Seamos mujeres que busquen, en la medida que dependa de nosotras, vivir en paz con todos (Romanos 12:18). Podemos hacerlo al confiar en el Príncipe de la Paz que nos ha transformado; su perdón ha traído paz y alegría a nuestras almas. 

 

“No ha hecho con nosotros conforme a nuestras maldades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados, porque, como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. Como el padre se compadece de los hijos, se compadece el Señor de los que le temen,”

‭‭Salmos‬ ‭103:10-13‬ ‭RV2020‬‬

 

 

 Julie

 

 

¿Has escuchado lo nuevo? Nuestro estudio bíblico “Ven, Señor Jesús, ven” está disponible para que lo ordenes por medio de amazon, Bookdepository o en México con nuestra representantes aquí 

 

Únete a nosotros mientras estudiamos sobre el regreso de Cristo. Estudiaremos la forma en que Jesús habló de su regreso, encontraremos estímulo para vivir nuestras vidas con audacia y gracia.

 

Presiona la  imagen que te lleva a la publicación de como ordenar 🙂