El otro día, mientras navegaba sin rumbo a través de Facebook, me detuve en el video que una amiga había publicado. Contaba una historia sobre una vez que cometió el error de intentar limpiar su mesa de comedor de madera maciza con un limpiador de vapor. Para ser honesta, me surgieron dudas. ¿Era un limpiador de vapor manual? ¿Qué le hizo pensar que la esponja o una toalla ya no eran suficientes para limpiar la mesa? y, ¿qué tan sucia debió estar esa mesa para necesitar esas herramientas?

 

No respondió ninguna de mis dudas, pero sí procedió a compartir que, en el proceso de limpieza de su mesa con un limpiador de vapor, y a pesar de todas sus mejores intenciones, la mesa se arruinó. El calor del vapor decoloró la madera, y ahora ella estaba en modo de pánico. Cuando tus mejores planes fallan y resultan en una tragedia, ¿cómo lo solucionas? La respuesta vino en forma de un producto “DIY” (hazlo tú misma) que había comprado y nunca usado, y cuya única razón de ser era la de restaurar.

 

De algún modo, en una repisa cualquiera del garaje, ella ya tenía justo lo que necesitaba para restaurar lo que se había dañado y que luciera como nuevo. (Adivinen, ¡funcionó!)

 

En nuestra lectura de hoy, observamos que Dios ha preparado con antelación la restauración que Él sabía que se necesitaría, pero Su respuesta vino en forma de una persona. José fue parte del plan de Dios a través de todo esto. La hambruna no era una sorpresa para Dios. Los sueños que Dios dio a José en su juventud no fueron un error, y la vida que José llevó, lo preparó para ser el líder de una nación entera a través de una temporada devastadora.

 

Dios restauró la relación entre José y su familia. Debido al fiel servicio de José hacia Faraón, la familia de José fue abundantemente bendecida con las mejores tierras de Egipto, puestos de trabajo y comida para toda la casa. Y el país entero se benefició de la preparación de José ante la hambruna. Durante siete años almacenó el grano sobrante para que, cuando comenzara la hambruna, estuviera preparado para vender alimentos a los egipcios. Cuando la gente ya no tuvo dinero para comprar el grano, José comerciaba con su ganado, aumentando la propiedad del Faraón mientras alimentaba al pueblo. Y cuando ya no hubo más ganado para negociar, José compraba las tierras de los egipcios, dándoles dinero con el que poder comprar grano, y así incrementó nuevamente el territorio de Faraón. 

 

José se preparó, y Dios restauró. 

“Por mí reinan los reyes, Y los príncipes determinan justicia.

Por mí dominan los príncipes, Y todos los gobernadores juzgan la tierra.

Yo amo a los que me aman, Y me hallan los que temprano me buscan.”

Proverbios 8:15-17

 

Cuando comenzó la hambruna, habían pasado veinte años desde que los hermanos de José lo vendieron por veinte piezas de plata a los mercaderes madianitas. Dios colocó a José en Egipto a propósito, para Sus propósitos. Su historia muestra que Dios es fiel a la hora de cumplir Sus promesas (los sueños de José se hicieron realidad), y que se ocupa de nuestra restauración y nuestras relaciones. Un día Jesús vendrá a proporcionarnos una restauración completa, pero podemos hacernos una idea de ello al leer acerca de José. 

 

Quizás, como yo, has estado orando por restauración. Cualquiera que sea la pérdida o la ruptura, confía en que Dios la restaurará en Su tiempo perfecto. Mientras esperamos, busquemos maneras de preparar nuestros corazones para recibir plenamente esa restauración mientras amamos a Dios grandemente y crecemos más cerca de Él.

 

Crystal

 

 

 

Desafío Semana 6:

 

Jacob mostró una gran fe en las promesas de Dios a pesar que no las vio completamente cumplidas durante su vida. Esta semana, aparta un tiempo para encontrar algunos versículos sobre las promesas de Dios para Su pueblo. Escríbelas en una tarjeta y colócalas alrededor de tu casa para recordar la fidelidad de Dios y Su carácter de ser Cumplidor de promesas.

 

 

Plan de Lectura Semana 6

 

 

Versículo para Memorizar – Semana 6