La historia de Rut y Noemí es un tesoro. A veces no me doy cuenta de lo duro que debió ser para estas dos mujeres. Noemí perdió a sus dos hijos y a su marido, y Rut perdió a su marido. Para las mujeres de aquella época, esto significaba que el nombre de su familia y sus propiedades no se podrían conservar y no tendrían ninguna protección. 

 

Cuando Noemí le dijo a Rut que volviera con su familia tras la muerte de su marido, Rut insistió en quedarse junto a Noemí. Rut y Noemí viajaron a Belén, la ciudad natal de Noemí. En Belén, mientras Rut trabajaba duro en el campo, Booz, un pariente del marido de Noemí, le mostró mucha amabilidad. Booz compró entonces las tierras de Noemí y se convirtió en el protector de Noemí y Rut. Booz se casó con Rut, y Rut dio a luz a un hijo llamado Obed, que fue el padre de Isaí, que fue el padre del rey David. 

 

Al relatar esta historia y estudiarla más de cerca, puedo ver la presencia constante y sostenida de Dios en la vida de estas mujeres. Puedo ver su mano sosteniéndolas desde el comienzo de sus historias, sosteniéndolas tras la pérdida y el trauma que cada una tuvo que soportar. Imagino que fue muy duro para Noemí perder no sólo a su marido sino también a sus dos hijos; fue muy duro para Rut perder a su marido, uno de los hijos de Noemí. Imagino que Noemí se sintió tan sola al decirle a sus dos nueras que la dejaran y volvieran con sus familias; fue tan difícil mantenerse fuerte por ellas. Imagino que fue muy duro también para Rut elegir dejar a su familia para quedarse con Noemí y viajar a un lugar extranjero; fue duro para Rut trabajar en los campos para proveer comida para ambas y duro para Noemí no preocuparse por quién llevaría el nombre de su marido. Sin embargo, en todas estas partes de sus historias, puedo ver la compasión de Dios y Su gracia para ir delante de ellas y proveer para todas sus necesidades. 

 

La palabra que Dios me trajo a la mente después de leer esta historia fue provisión. Según Oxford Languages, provisión es “la acción de proveer o suministrar algo para su uso”. Veo cómo Dios proveyó a Noemí de una compañera amorosa en su nuera Rut cuando sus hijos murieron para que no estuviera sola en su viaje. Veo cómo Dios proveyó a Rut con la fuerza para comprometerse con Noemí y trabajar duro para ella, dándole energía para cada día. Veo cómo Dios proveyó a Booz como un “guardián-redentor” para salvar y proteger a Rut y Noemí y proveer para sus necesidades físicas y emocionales. Veo cómo Dios proveyó a Rut de un hijo, Obed, que estaría en la genealogía de Jesús, y en el que Noemí encontró mucha alegría y ayudó a cuidar como si fuera suyo. Veo cómo Dios restauró la alegría, el propósito y la esperanza en las vidas de dos mujeres que habían sufrido un gran dolor y pérdida. 

 

Una dulce imagen tiene lugar en el versículo 14 del capítulo 4, donde las mujeres de Belén reconocen la mano de Dios en las vidas de Rut y Noemí, diciendo: “¡Alabado sea el Señor, que hizo que no te faltara hoy pariente!” Qué imagen de completa confianza en el Señor y el regocijo que viene cuando reconocemos Su carácter y provisión en nuestras vidas. Estas mujeres vieron que la mano del Señor proveía a Rut y Noemí y cómo Él no las había olvidado en los momentos de extrema dificultad. Él siempre estuvo con ellas, y siempre un paso adelante. 

 

Amiga, cuando leo esta historia, también veo el corazón de Dios por ti. Él te ha creado porque desea con todas sus fuerzas tener una relación contigo (Efesios 1:4-5). Él ha ordenado cada día de tu vida antes de que uno de ellos llegara a suceder (Salmo 139:16). Él va delante de ti y está a tu lado como tu compañero constante (Isaías 52:12). Te rodea por detrás, por delante y sobre ti pone Su mano justa (Salmo 139:5). Te protege y te provee (Salmo 46:1). Rescata tu vida del pozo, te recuerda tu valor (Salmo 103:4). Te da un nuevo nombre como Su hija cuando crees en Él y la posesión de la vida eterna con Él para siempre (1 Juan 3:1). Amiga, estás rodeada, apoyada y sostenida por Dios mismo. Él ve tu lucha actual, la valida y se compromete a sufrir contigo todo el tiempo que sea necesario. Él tiene un mejor fin en mente para ti, uno de sanación completa, alegría plena y vida eterna. 

 

Ruego que hoy recuerdes esto: Tú le importas a Dios. Tu vida le importa a Él. Él no te ha ignorado ni te ha pasado por alto ni un solo segundo. Él está contigo en tu viaje en esta tierra, ya sea que estés en una temporada de profunda dificultad o de gran alegría. Tu historia es y será un testimonio del poder salvador de Dios, y cuando la compartas, ayudará a otros a conocer al único y verdadero Dios. Y, tu amor a lo largo del camino puede ser una imagen del amor de Cristo, tal como Rut lo fue para Noemí (una imagen de Su amor firme), Noemí lo fue para Rut (una imagen de Su amor adoptivo), y Booz lo fue para Rut (una imagen de Su amor redentor). 

Oro para que, a medida que continúas tu camino, tengas la seguridad de que estás siendo sostenida por la mano de Dios. Estás a salvo. Él te ama, y nunca te dejará ir. 

 

Grace Ann