Me encanta la música de adoración. Algunos de mis momentos más poderosos con Dios han sido durante la adoración, escuchando al cuerpo de Cristo alabar Su nombre. Cuando cierro los ojos y me concentro en las palabras que estoy cantando al Señor, soy más consciente de la presencia del Espíritu Santo. 

 

Sin embargo, Dios no me dio la capacidad de cantar bellamente. Soy, más bien, una adoradora de “ruido alegre” que ama cuando el volumen de la música anula cualquier cosa que la gente a mi alrededor pueda experimentar. Era algo de lo que solía sentirme muy insegura y me mantenía un tanto oculta ante los demás, porque no quería que nadie escuchara lo desafinada que podía ser cuando ellos estaban tratando de adorar también. No sé cuándo sucedió, pero en algún momento de mi caminar con Dios, Él me mostró que yo estaba haciendo que la adoración girara en torno a mí.

 

La verdadera adoración es hermosa cuando nuestro enfoque está en Dios.

 

Cuando dejé de concentrarme en lo que yo hacía y me concentré en quién es Dios, dejé de preocuparme por lo que pensaran los demás. También me di cuenta de que mi hija me observaba y aprendía de mí. Oír su vocecita -y la forma en la que me tocó el corazón- me hizo comprender, aunque fuera en pequeña medida, cómo debe sentirse Dios cuando Sus hijas le adoran.

 

En nuestra lectura de hoy vemos cómo María, hermana de Aarón y líder del pueblo, siguió el ejemplo de Moisés y respondió a su canto de alabanza con el suyo propio. Dirigió a las mujeres en el canto y la danza, declarando públicamente la grandeza de Dios. Había cruzado el Mar Rojo. Había sido testigo de lo que Dios había hecho. Y no había otra respuesta para una mujer de fe que proclamar en voz alta la gloria y la majestad de su Dios. Usó lo que tenía, y su influencia, para guiar a otras mujeres en la adoración.

 

No tenemos que tener voces perfectas, escenarios en los que nos presentamos, un título especial, o cualquier otra cosa elegante para adorar a Dios. Puedes influir en las mujeres que Dios ha puesto en tu vida cuando proclamas intencionalmente lo que Él ha hecho, cuando recuerdas Su fidelidad y al animar a otras a hacer lo mismo. Piensa en quiénes te  están observando y aprendiendo de ti. Para ellas, eres una líder de adoración. Les estás mostrando lo que significa honrar y glorificar a Dios, enseñándoles a llevar todo su ser al pie de la cruz sin vergüenza ni vacilación.

 

Al igual que María, tienes un asiento en primera fila para las grandes obras que Dios está haciendo en tu vida y en la de tus seres queridos. Cuando otros testifiquen sobre el carácter de Dios y Su poder, ¡únete a ellos! Cuando otros lideran bien y honran a Dios con sus dones, usa los dones que Dios te ha dado para hacer lo mismo. Alaba a Dios no sólo por lo que ha hecho, sino por lo que hará y, en definitiva, por quién es Él. 

 

Crystal

 

Desafío Semana 5:

 

¿A quién has visto luchar por alegría y alabar a Dios en medio de los momentos difíciles en tu vida? Haz un alto esta semana para animarla y compartir lo que has visto en su vida y cómo te ha impactado.

 

Plan de Lectura – Semana 5 

 

 

Versículo a memorizar – Semana 5