En enero de 2021, la revista Forbes publicó un artículo aleccionador titulado “Uno de cada ocho cristianos en todo el mundo vive en países donde pueden enfrentar persecución”. Más de 340 millones de creyentes en Jesús permanecen fieles a Jesús en países donde soportan ataques personales y discriminación por su compromiso con el evangelio. Miles de seguidores de Cristo son desplazados de sus hogares, encarcelados o asesinados diariamente.

Leí este artículo sentada a salvo junto a mi cómoda mesa de cocina comiendo un tazón de avena. La mayor persecución que he enfrentado fue alguien que levantó la voz enojada en desacuerdo con mis creencias. Nunca he temido por mi vida ni me he sentido ansiosa por perder mi libertad. No puedo evitar preguntarme cómo respondería ante tal tribulación.

Sé que hay mujeres hermosas en todo el mundo que leen estas palabras y que se enfrentan a la opresión diaria. Has sido marginada por tu familia por seguir a Jesús. Has perdido todo lo que este mundo aprecia, pero has ganado a Cristo. Me asombra tu fe.

Tu fe me recuerda a Ester, y oro para que Dios me dé la fe sacrificial que canta: “Me entrego entera”, sin importar la adversidad que pueda venir.

El valor de mantener la fe cuando has sido despojada de todo y tu vida es estéril no viene de adentro. Esta fe sólida solo viene de Dios.

Ester conocía a Dios. Temía a Dios más de lo que temía perder su propia vida. En lugar de permitirse desesperarse en silencio, confiaba en que Dios era soberano sobre sus circunstancias. Ella avanzó porque creía que Dios era fiel.

A los ojos del mundo que la observa, su vida puede haber pendido de un hilo, pero siempre estuvo a salvo en las manos amorosas de Dios. Cada momento de nuestras vidas está bajo Su autoridad, y Él nos dará la fuerza que necesitamos al someternos a Su voluntad. Nuestro Libertador nunca deja de aparecer y salvar a Su pueblo.

Una lección que todos podemos aprender de Ester es cómo responder a lo impensable. Su mundo de repente se había convertido en cenizas, y a su alrededor, las personas que amaba lloraban. En lugar de dejar que la ansiedad abrumara su corazón, recurrió a la oración. Ella suplicó por la misericordia de Dios y clamó por sabiduría.

Cuando el enemigo intente deshacerte, vuélvete a la oración. La oración nos arma con la fuerza que necesitamos.

 

Cuando tu duda esté hablando más fuerte que tu fe, clama por la ayuda de Dios. Si todo a tu alrededor cede, admira a Dios. Él te defenderá. Dios siempre es tierra firme bajo tus pies.

La muerte no tiene la última palabra en nuestras vidas, amigas. Jesús ha derrotado a la muerte en nuestro nombre, y un día la borrará para siempre. Hasta entonces, que Dios nos dé fe para un tiempo como este. Si perecemos, veremos a Jesús cara a cara. 

Tu mundo está seguro en las poderosas manos de Dios. Tú perteneces al Rey de Reyes. Tu Padre celestial está sentado en Su trono en el cielo, y puedes venir audazmente ante Su trono de gracia hoy en busca de ayuda en tu momento de necesidad.

 

Lili