Mientras me sentaba a leer nuestro pasaje de hoy, sabía que debía leer todo el capítulo para entender el contexto de las palabras de Jesús, pero el enemigo me estaba distrayendo, alejando mi deseo y atención de la Palabra de Dios. Cualquier otra cosa parecía ser un mejor uso de mi tiempo. ¡De hecho, hay una batalla espiritual a nuestro alrededor!

Amiga, el enemigo no quiere que escuches la Palabra de Dios, porque él es un mentiroso, y odia la verdad (Juan 8:44). El enemigo sabe que la Palabra de Dios es verdad y tiene el poder de liberarte completamente (Juan 8:32), por lo que hará cualquier cosa para mantenerte alejada de ella, ya sea que eso signifique que estés apática a ella o “demasiado ocupada” para ella. 

Una vez que comencé a leer el pasaje de hoy, no pude detenerme. Estaba absorbiendo las mismas palabras de Jesús, mi Salvador y Mejor Amigo. Él estaba hablando acerca de mí directamente a mí. Él estaba orando específicamente por mí. Verdaderas lágrimas brotaban en mis ojos hasta el punto en que no podía ver. Eran lágrimas de alegría, lágrimas que vienen cuando te das cuenta de lo profundamente que eres amada.

Supe en ese momento que Jesús estaba vivo y que Él estaba cerca de mí, queriendo que conociera Su corazón por mí. Este momento se sintió tan íntimo, cálido, seguro y pacífico porque estaba permaneciendo en la verdad de Dios y no en las mentiras del enemigo de que no era vista ni amada, sino olvidada y sola. La Palabra de Dios decía que yo le pertenecía a Él y que vivía en Él. Decía que era conocida y amada por Él, incluso si el mundo no me abrazaba.

Querida amiga, Jesús ha orado por ti y está orando por ti en este momento. ¿Sabías que Jesucristo vive a la diestra de Dios y está intercediendo por nosotras (Romanos 8:34)? Es evidente en Juan 17 que el deseo del corazón de Dios es que lo conozcas íntimamente. Él fue tan lejos como para enviar a Su amado Hijo, Jesús, a la tierra para revelarte Su carácter y naturaleza: un carácter de profunda misericordia, compasión y amor leal (Salmos 145:8). Jesús es Dios en la carne, quien hizo Su hogar en la tierra con el único propósito de demostrar el amor de Dios por ti. 

Tu pecado no lo asustó, pero Su amor perfecto por ti solo lo acercó cada vez más. El anhelo de Dios es que nadie perezca, sino que todos puedan llegar al arrepentimiento (2 Pedro 3:9). Esto significa que Él quiere establecer una relación íntima con Él. Es por eso que Él envió a Su Hijo. Para mí, esto le da un nuevo significado a las palabras de Jesús en Juan 17:3, “Y en esto consiste la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”. 

Amiga, tal vez has perdido de vista la verdad de que Dios te ama personalmente. Te animo a considerar el costo de la vida eterna. ¿Qué tuvo que hacer Jesús para que pudieras vivir? Él seguramente lo dio todo por ti. Todo lo que queda es que lo creas. Medita profundamente en esto: “Cuando aún éramos débiles, a su tiempo, Cristo murió por los impíos. En realidad, es difícil que alguien muera por un justo; aunque pudiera ser que alguien tuviera el valor de morir por una persona buena. Sin embargo, Dios demuestra su amor por nosotros en que, cuando aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5:6-8). 

 

Grace Ann

 

 

Desafío de la semana 6:

¿Crees que Jesús es el Hijo de Dios y el único camino a la vida eterna? ¿Por qué o por qué no? ¿Podrías explicarle esto a una amiga que no conoce a Cristo? Esta semana, pídele a Dios que te abra una puerta para compartir que Jesús es el Hijo de Dios y el único camino a la vida eterna con alguien que aun no lo conoce.

 

Semana 6 – Plan de Lectura

 

Semana 6 – Versículo a Memorizar