La retorcida historia de Jacob y Esaú es un choque de trenes y parece más adecuada para un programa de televisión que para el Génesis. Pero nos encontramos aquí.

 

En Génesis 28:3-4 se relata cómo Isaac imparte la bendición del pacto a su hijo menor, Jacob: “El Dios Todopoderoso te bendiga, te haga fecundo y te multiplique, para que llegues a ser multitud de pueblos. Que también te dé la bendición de Abraham, a ti y a tu descendencia contigo, para que tomes posesión de la tierra de tus peregrinaciones, la que Dios dio a Abraham.

 

Ya repasamos los detalles del complot y del engaño a principios de esta semana, pero cada una de las personas involucradas en este lío: Isaac, Rebeca, Esau y Jacob dieron malos pasos a lo largo del camino. Dios predijo que “el mayor servirá al menor” en Génesis 25:23 cuando Rebeca preguntó por qué los hijos luchaban dentro de ella. Aun así, la carne y el favoritismo marcaron estas vidas: Isaac favoreció a Esaú, Rebeca favoreció a Jacob, Esaú despreció su derecho de primogenitura, Isaac planeó pasar su bendición a Esaú, Rebeca y Jacob engañaron a Isaac para robar la bendición. 

 

Pero hay un giro en la trama: Dios es soberano. Siempre.

 

Utilizó a personas imperfectas (de nuevo) para lograr lo que siempre había planeado que sucediera. Hemos visto historias recurrentes en las que Dios utilizó a personas fieles pero imperfectas. Dios valoró su fe por encima de su perfección. 

 

¿Qué más hemos aprendido sobre Dios a medida que avanzamos en este estudio?

 

Dios es digno de confianza. En referencia a la creencia de Abraham y en que Dios les daría a él y a Sara un hijo en su vejez, Hebreos 11:11 dice: “También por la fe Sara misma recibió fuerza para concebir, aun pasada ya la edad propicia, pues consideró fiel a Aquel que lo había prometido.” (Algunas traducciones, en este versículo, llaman a Dios fiel en lugar de digno de confianza). 

 

Se puede confiar en Dios. Hay que admitir que eso puede ser difícil de hacer en situaciones difíciles. ¿Por qué hay cáncer? ¿Por qué se desmoronan los matrimonios a nuestro alrededor? ¿Por qué ha ocurrido ese trauma? ¿Por qué, por qué, por qué? Todos tenemos preguntas sin respuestas fáciles. 

 

Para ser sincera, me gustan las respuestas inmediatas. Me gusta saber cuál es el plan de antemano, y francamente, me gusta hacer el plan y verlo terminado. Probablemente no te sorprenda que no es así como trabaja Dios. 

 

Sus respuestas no siempre son rápidas o fáciles.

 

Sus planes no siempre son obvios para nosotras desde el principio, o incluso a lo largo del camino sinuoso.

 

Sus planes no siempre resultan como quisiéramos. 

 

Sus promesas no siempre se cumplen completamente durante nuestra vida.

 

¿Significa eso que Él no es bueno? Para nada. Él permanece bueno, soberano y digno de confianza. Él lo ve todo de una manera que nosotras no podemos, y siempre cumple Sus promesas.

 

Sara