El nacimiento de Juan el Bautista es una hermosa historia porque muestra, una vez más, la misericordia y la bondad de Dios. Una pareja mayor, Zacarías y Elizabet, incapaces de concebir un hijo, recibieron la promesa de Dios de que tendrían un hijo propio. Zacarías significa “Dios se ha acordado de nuevo”. Una vez más, vemos que Dios cumple Su palabra.

Juan crecería para ser usado por Dios de una manera poderosa. Proclamaría a la gente que lo rodeaba que el Mesías estaba en camino. Su amor por Jesús era audaz y radical y, eventualmente, perdería la vida por su fe y convicción.

Zacarías perdió la capacidad de hablar durante el embarazo de Elizabet, pero al nacer su hijo recuperó el habla e inmediatamente comenzó a cantar una canción de alabanza a Dios. Cantó sobre la bondad de Dios al cumplir las promesas que hizo a Abraham, Isaac y Jacob. El nombre de Zacarías no solo se refiere al hecho de que Dios cumplió Su promesa a esta pareja sin hijos, sino que les recordó a todos que Dios cumple todas Sus promesas, incluida la promesa de un Redentor.

Puede parecer que ha pasado mucho tiempo desde el comienzo del pacto de gracia hasta el día en que vino Jesús, pero Dios no es lento en lo que hace. Su sincronización es perfecta, Su plan está bien pensado y meticulosamente ejecutado. Este plan incluía el nacimiento de Juan y la predicación que haría para preparar a la gente para la venida de Jesús.

Esto también es cierto para nuestras vidas. A medida que nos acercamos a celebrar el nacimiento de Jesús, recuerda que Dios es el Gran Cumplidor de promesas. Si nos amó lo suficiente como para hacer y cumplir todas las promesas que conducirían al nacimiento, la vida, la muerte y la resurrección de Jesús, podemos estar seguras de que cumplirá todas las promesas que nos ha hecho.

¿Cuentas y confías en las promesas de Dios? Él promete perdonar nuestros pecados y nunca desampararnos. Él promete que nada puede separarnos de Su amor (Romanos 8:31-32). Él promete hacer que todas las cosas en nuestra vida trabajen juntas para nuestro bien (Romanos 8:28). Promete darte todo lo que necesitas para la vida y la piedad (2 Pedro 1:3). Él promete hacer que nuestra fe persevere hasta el fin (Filipenses 1:6), y nunca perderá a ninguno que sea Suyo. Él promete a todo Su pueblo una resurrección para vida (Juan 3:16), y volverá y reunirá a Su pueblo para que habite en el paraíso para siempre. Estas promesas son Suyas en Cristo Jesús. Puedes contar con ellas, porque puedes contar con Dios (Salmo 33:4).

Mirando a Jesús,

Jen