La Navidad es una época especial del año, frecuentemente colmada de varias emociones. Hay mucho de amor y esperanza, especialmente para los creyentes. Sin embargo, puede también ser un tiempo cuando el dolor que sentimos por la pérdida de seres queridos se intensifica, o podemos sentirnos desanimadas porque nuestras expectativas y sueños para el año no se cumplieron. 2020 ha sido un año difícil para muchas de nosotras y ha sido definitivamente diferente de lo que algunas de nosotras habíamos planeado. En la lectura de hoy, los planes de María para el futuro fueron alterados, pero su disposición para confiar en Dios llevó toda su vida en una dirección que nunca esperó.

El ángel Gabriel hizo su segundo anuncio de la concepción en Lucas 1, esta vez a María. Ella era de Galilea en Nazaret y estaba comprometida en matrimonio con un hombre llamado José. María probablemente era una adolescente haciendo su vida normal cuando repentinamente un ángel apareció y le dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor está contigo.” María estaba comprensiblemente turbada y temerosa. La familiaridad de esta historia a veces nos lleva a pasar por alto la enorme conmoción que esto debe haber sido. Gabriel la animó a no temer llamándola por su nombre y reafirmándole que ella había “hallado gracia delante de Dios.”

Se le dijo a María que concebiría y daría a luz un hijo, y le pondría por nombre Jesús. La forma Hebrea de este nombre es Josué, que significa “Jehová salva”. Este significado es relevante; así como Josué condujo al pueblo de Dios a entrar a la Tierra Prometida, Jesús salvaría a Su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21), conduciéndolo a la eterna tierra prometida de la nueva creación.

Gabriel también le dijo a María que Jesús sería:

  • Grande. Hay una interesante comparación acá con el anuncio del nacimiento de Juan donde Gabriel dijo que Juan sería “grande delante del Señor” (Lucas 1:15) mientras que Jesús fue solo descrito como grande. No hay necesidad de agregar nada a Su grandeza. Él es grande. Él es Dios. Juan es un profeta. Jesús es Señor.
  • El Hijo del Altísimo. Los Judíos del primer siglo usaban la palabra “Altísimo” por la reverencia de evitar usar el nombre de Dios. Pero para que no haya duda, Gabriel se refirió a Jesús como el Hijo de Dios.
  • Jesús pertenece a la línea de David y reinará por siempre sobre la casa de Jacob, el pueblo de Dios.
  • Santo. Puesto aparte.

Todas estas descripciones fueron para permitir que María supiera (y también nosotras) que su hijo era el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento. Él es el Salvador Prometido. El Mesías. Jesús iba a redimir a Su pueblo. ¡Estas son verdaderamente buenas nuevas!

Me encanta que María hace una pregunta práctica: ¿Cómo puede ser esto puesto que soy virgen? Ella entendió la inmediatez de las palabras de Gabriel; él no menciona que ella se casaría primero y luego concebiría. La respuesta que se le dio a ella fue que la gloria de Dios lo haría. Esto refleja la naturaleza de Jesús; Él es completamente Dios y completamente hombre. Para ayudar a María a ver que esto era posible, su parienta Elisabet, considerada ya de muy avanzada edad y estéril ¡ya estaba embarazada de seis meses! El ángel terminó con la declaración “Porque nada hay imposible para Dios”.

¿Cómo hubieras respondido a estas noticias? Eres joven, comprometida para casarte, y ¡tu reputación está en juego! Si yo fuera María, hubiera pedido algunas certezas más. En cambio, María respondió “Aquí tienes a la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.” Qué respuesta asombrosa. Su mundo entero había sido puesto al revés, todos los planes que ella tenía para su futuro estaban en peligro. Aún en su duda, ella reflejó las palabras que Jesús les dio a sus discípulos cuando oró: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad” (Mateo 6:10).

María pudo responder con tal fidelidad porque sabía en quién creía. Conocía a Dios. Sabía que Él era fiel, bueno, un Dios en quien podía confiar, verdadero, poderoso, amoroso, misericordioso, y un Dios de gracia. María halló gracia delante de los ojos de Dios, no porque fuera perfecta sino porque estaba dispuesta a ser usada para Sus planes y propósitos. Ella confió que los planes de Dios eran mejores que los suyos. ¿Qué tan dispuesta estás a ser obediente a Dios cuando Él interrumpe tus planes? ¿Qué tan dispuesta estás a confiar en Él?

No fue siempre fácil para María. Mucho de lo que ocurrió fue bueno, por ejemplo, el relato de los pastores acerca del coro de ángeles cuando Jesús nació, los sabios viniendo a adorar a Jesús, y siendo testigos del primer milagro de Jesús. Sin embargo, hubo mucho que fue doloroso y difícil, como el tener que huir a Egipto, viendo cómo Jesús fue rechazado en Su propia ciudad, y peor que eso, viendo a Jesús morir tan horriblemente en una cruz.

Ser obediente a Dios no siempre es fácil, en realidad es frecuentemente el camino más difícil. Lo que lo hace posible es que ¡Dios está con nosotras! (2 Corintios 12:8-10). Mientras María tuvo la bendición de tener a Jesús con ella físicamente, ¡nosotras tenemos la bendición del Espíritu Santo en nosotras! ¿Estás dispuesta a ser obediente a Dios, aún cuando es el camino más difícil?

Esta temporada de Navidad, que todas seamos maravilladas por Emmanuel – Dios con nosotros – y que seamos siervas agradecidas y dispuestas de nuestro maravilloso Dios.

Julie.