“Por eso Cristo es el mediador de un nuevo pacto, a fin de que habiendo tenido lugar una muerte para la redención de las transgresiones que se cometieron bajo el primer pacto, los que han sido llamados reciban la promesa de la herencia eterna.” (Hebreos 9:15 NBLA)

Un pequeño comentario que hizo reír a todos un domingo fue cuando mi pastor comenzó su sermón con lo que en inglés es un juego de palabras: “¿Podemos estar todos de acuerdo en que cada vez que vemos la expresión “por lo tanto”, está “allí por” una razón?” No creo que esto nos hiciera reír porque fuera necesariamente divertido, sino más bien darnos cuenta de que tendemos a subestimar un momento de enseñanza significativo.

Esta verdad realmente se me quedó grabada, y de ese día en adelante, cada vez que me encuentro con una conjunción o adverbio conjuntivo al comienzo de un verso, me aseguro de detenerme y tomar nota de lo que se repite o magnifica, para mi beneficio y comprensión. Es una palabra que siempre unirá la obra de Dios. ¡Lo que la Biblia repite debe considerarse de gran importancia! ¡No te lo pierdas!

“Y él es el mediador…”

¿Qué es un mediador?

¿Qué es la mediación?

¿Quién la necesita?

Desafortunadamente, he aprendido más de lo que nunca quise saber sobre el derecho de familia y el sistema judicial. He pasado mi parte del tiempo con un mediador estos últimos años mientras salía de una desgarradora temporada de divorcio. El propósito de un mediador es intentar resolver un conflicto importante, mientras que a menudo resulta en compromisos hechos por ambas partes para resolver la disputa.

Todos tenemos un Mediador y Su nombre es Jesús.

Este es un tipo diferente de mediación y Él es un tipo de mediador diferente al que podemos haber experimentado en nuestro mundo roto. Jesús no está negociando un término medio o buscando una solución en la que un Dios santo y un ser humano pecador puedan estar de acuerdo en no estar de acuerdo.

El pecado se interpone entre nosotras y Dios. El pecado es una ofensa grave y nosotras somos las infractoras. Sin nuestro Mediador, estamos destinadas a la vida eterna en tormento, ya que la salvación de nuestros pecados es imposible por nuestra cuenta. Ninguna cantidad de buenas obras o conocimiento intelectual nos hará lo suficientemente justas para estar delante de un Dios santo. La vida cristiana no se trata de las cosas que hacemos, sino de la relación que desarrollamos con Jesús.

 

El partimiento del pan que encontramos en Mateo 26:26 es una prefigura de los azotes, la lanza traspasándole y el quebrantamiento del cuerpo de Cristo en la cruz. Sabía que este sacrificio era necesario para cumplir el nuevo pacto que cubriría los pecados del mundo. Por lo tanto, a través de la crucifixión, Jesús se convirtió en el mediador entre nosotros y Dios. Jesús es el arreglo, tanto el mediador como la mediación. Él corrige todos nuestros errores. Él es nuestra cobertura, nuestro defensor, y sin Él, no tenemos esperanza de la vida eterna con Él.

¡Pero hay esperanza!

“Porque hay un solo Dios, y también un solo Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre,” (1 Timoteo 2:5 NBLA).

“quien se dio a sí mismo en rescate por todos, testimonio dado a su debido tiempo” (2 Corintios 5:21 NBLA).

Debido a la obra de Cristo en la cruz, tenemos acceso directo e instantáneo a nuestro Padre celestial. Jesús nos ofrece el perdón de nuestros pecados. ¡Qué regalo! Se nos considera dignas y valiosas por el precio que pagó para reconciliarnos con él. Su muerte en la cruz valió la pena. ¡Él es nuestra salvación!

 

Kelli