por Sara Lindsey

 

¿No se ha sentido el mundo patas arriba en 2020? Ese Virus que atacó al mundo  es un desastre. La política es polémica. La gente está nerviosa. Todo se siente incierto. Los planes son temporales. Las reglas de nuestro día cambian constantemente.

Pero no Dios.

Él está aquí. Equilibrado. Estable.

En estos meses de pandemia, el uso de mascarillas se ha convertido en parte de nuestra vida diaria. A menudo hemos comentado lo difícil que es comunicarse completamente con las personas sin poder ver sus caras. Nuestras voces están ahogadas. Nuestras sonrisas están tapadas.

En esta temporada, cuando pienso en la experiencia de Dios en el Antiguo Testamento, repetidamente imagino una máscara facial. El Antiguo Testamento está salpicado de relatos de Dios ocultando Su rostro a Su pueblo debido a su desobediencia. Piensa en eso por un momento; es fuerte. Dios escondió Su rostro (quitó Su favor) de ellos, varias veces, debido a sus acciones.

El plan soberano de Dios para la redención involucró a muchas generaciones de personas imperfectas (Mateo 1:1-17). Hay asesinato, adulterio, idolatría y prostitución en la ascendencia de Jesús. Dios hizo un pacto con David en 2 Samuel 7:16 prometiendo que los descendientes de David gobernarían, pero también predijo el reino permanente que vendría con Jesús.

En la cruz, Jesús se convirtió en la expiación por nuestros pecados. Dios estableció un reino permanente y un pacto eterno con la humanidad. Si creemos en Jesús, el Hijo de Dios que murió en la cruz para salvarnos de nuestros pecados, somos salvos por gracia y el Espíritu Santo vive en nosotros.

El mundo es un desastre, pero Dios no nos ha abandonado. “Estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.” (2 Corintios 4:8-10).

Dios, mantente cerca.

 

Sara